Entre el pensamiento concreto y el pensamiento abstracto

Mientras los saberes profesionalizantes nos proponen “medios para buscarnos una vida”, los saberes llamados universitarios nos invitan a reflexionar “qué vida queremos vivir”. Ambos saberes como complementarios e indispensables en nuestra formación. Con ocasión del cierre de la primera Situación de aprendizaje de nuestro curso de Conocimiento y Cultura, quiero compartirles una reflexión muy interesante del colega Marcel Salles. Me parece que su propuesta deja muy clara la importancia de este curso y por dónde podemos seguir reflexionando en torno a la formación moral universitaria.

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¿Por qué hablamos de problemas epistemológicos?

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Vivimos entre juicios y aseveraciones que culturalmente han ido dando forma a nuestras relaciones. Sus efectos trascienden nuestros actos y decisiones a nivel individual y se instauran como pautas en la sociedad, con consecuencias generalmente negativas como la creación o fomento de estereotipos, intolerancia, prejuicios, exclusión social, machismo, etc.; sin embargo, poco nos detenemos a pensar cómo es que nacen o de dónde vienen: ¿qué tanto somos conscientes de aquello que valoramos o despreciamos?, ¿qué sabemos de su origen?

Plantear problemas epistemológicos es justamente eso, preguntarnos de dónde vienen nuestros juicios, valoraciones, creencias?, ¿qué hay detrás de ellos?, ¿cómo han surgido, cuál ha sido su desarrollo histórico?

La relevancia de identificar y analizar problemas desde su dimensión epistemológica es muy simple y así de grande: el hecho de reconocer un problema epistemológico tiene que ver con el reconocimiento sobre la aparente normalidad de las cosas que nos rodea y de sus efectos en la sociedad. Solo analizando el origen de una problemática -a nivel epistemológico-, esto es, desentrañar las nociones que subyacen en nuestra forma de comprender algo, es como podemos entonces pensar en sus consecuencias y por lo tanto en sus posibles soluciones. Por ejemplo, pensar en las soluciones sobre el uso de drogas requiere pensar en el impacto del consumo de aquellas sustancias que son consideradas drogas, y pensar en este impacto requiere analizar  la  manera en que han sido concebidas en nuestra sociedad, en cómo las hemos venido entendiendo y valorando. El sentido de analizar los problemas epistemológicos es precisamente pensar en los efectos o las implicaciones que tiene una particular mirada del mundo.

¿Por qué es importante, para un universitario, problematizar el conocimiento?

Como parte de una discusión que ha quedado ab14695202667_a7543f2c5c_bierta entre compañeros profesores acerca del sentido de un curso que impartimos llamado Conocimiento y cultura, quiero hacer este ejercicio de poner sobre papel mis primeras reflexiones sobre la importancia de problematizar el conocimiento como parte de la formación profesional. Reflexiones me gustarían que me ayuden a enriquecer.
La formación universitaria es un momento en el que no solo nos formamos para el ejercicio de una profesión, en términos de “saber” cosas o de “hacer” cosas propias de una carrera. En la universidad nos formamos como personas, como ciudadanos, como individuos que piensan, sienten, toman decisiones, deliberan y actúan. La vida personal y la vida profesional son una sola, una vida que nos exige constantemente revisar nuestra visión del mundo, analizar nuestra relación con los otros, tomar postura frente a lo que sucede en nuestro entorno y tomar decisiones que tienen repercusiones en la sociedad.
Analizar, pues, eso que entendemos por conocimiento y aquello que hemos incorporado en nuestras vidas como conocimiento, es analizar nuestra relación con el mundo.
Resulta que con el paso del tiempo, en el afán y en la necesidad de entender nuestro entorno para habitarlo, fuimos adoptando una mirada, una interpretación de todo cuanto acontece en nuestro alrededor, y fuimos olvidando que esa interpretación era sólo eso: una mirada. Pero además ha sido un tipo de mirada que ha cambiado con el tiempo, y que ha configurado las estructuras sociales, políticas, económicas, culturales que tenemos actualmente. Esto con sus consecuentes implicaciones y que se expresan en fenómenos y problemáticas sociales que actualmente bien conocemos (desigualdad social, deterioro ambiental, racismo, inequidad de género, intolerancia religiosa, por mencionar algunos). En otras palabras, las problemáticas sociales y esta manera en que funciona nuestra sociedad no es gratuita ni casual, tiene una base epistemológica (una visión particular) que debemos reconocer y cuestionar.
Y esto es imperativo en nuestra formación como universitarios. No podemos creer que en unos años solamente construiremos casas, administraremos una empresa, diseñaremos muebles, programaremos software, dirigiremos una película o un despacho de publicidad. En realidad estaremos contribuyendo a la configuración de un mundo particular. Debemos prepararnos para hacer juicios, tomar postura, evitar ser manipulados y contribuir a la transformación social (aquí un ejemplo), y eso solo se puede hacer cuestionando nuestra propia mirada de la realidad.

Sobre el problema del conocimiento

Quiero recuperar algunas reflexiones a propósito del cierre de nuestra primera unidad del curso. ¿Por qué problematizar el conocimiento?, ¿por qué reflexionar sobre nuestra forma de conocer?

La base que sustenta nuestras concepciones: lo que conocemos, lo que interpretamos, lo que sentimos y pensamos ha sido moldeada por nosotros y las sociedades que nos antecedieron en cada momento de la historia de la humanidad. Esto quiere decir que la manera como representamos la realidad no es casual ni arbitraria, depende de un contexto y un momento (tiempo y espacio). Tampoco partimos de cero, ni es una cuestión personal. Cada concepto o noción que utilizamos para nombrar algo de nuestra vida tiene una historia y es producto de una construcción social.

Y entonces ¿de qué nos sirve saber esto? Como hemos discutido en clase, los conocimientos configuran la realidad y generan consecuencias para “el otro”, por lo tanto, analizar de dónde vienen nuestras ideas resulta un primer ejercicio ético fundamental, para comprender nuestra visión del mundo, sus alcances, sus efectos y hasta dónde podemos actuar en función de beneficios no sólo para nosotros sino para los demás. En el fondo lo que se juega es nuestra relación con el mundo.

Recuperando comentarios sobre el Sentido común…

Cuando Clifford Geertz refiere, en su capítulo “Sentido común como sistema cutlural”, en Conocimiento local, a “redibujar la aprehensión objetiva de la realidad” la entiendo como cuestionar aquello que hay de “objetivo en la realidad”. En realidad al ser una aprehensión desde nuestros esquemas culturales ya hay una configuración subjetiva de la realidad. El sentido común es la construcción social que se ha hecho al respecto.

Siguiendo con sus comentarios, mucha de la provocación del autor es ayudarnos a pensar en esa supuesta “lógica” desde donde fundamentamos el sentido común, que ciertamente no es tan común pero que sí compartimos de manera relativamente estable al interior de una cultura.

Habría que enfatizar que no se trata de una interpretación propia de la experiencia personal, sino una experiencia social acumulada y compartida mediante los procesos de socialización, que por lo tanto es accesible a todos. No forma parte de un tipo de pensamiento científico ni limitado a los campos profesionales…

Entonces no es individual, hay mucho de común en este tipo de pensamiento que nos ayuda a enfrentar las situaciones cotidianas y que ha sido acumulado a través del tiempo.

Sobre el curso “Conocimiento y Cultura” y las modalidades de educación en red

Impartir cursos universitarios en formato semi-presencial con ayuda de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) pretende ser una respuesta a la pregunta abierta sobre cómo formar y formarnos en y desde el intercambio de ideas. Hoy vivimos una acelerada acumulación de información y de conocimientos que no sabemos de dónde vienen y cómo acomodar. Que nos impiden situarnos frente a la realidad para plantearnos nuestro rol en ella, y de nuestro papel en esa misma construcción de conocimientos.

Experimentar, entonces, esta modalidad de trabajo implica vivir en carne propia los contenidos de nuestro curso. Esto es, problematizar el conocimiento como una construcción colectiva en la que participamos todos gracias a la interacción con el entorno y con los otros, que no es casual y que tiene implicaciones para nuestra vida y para la sociedad. Un curso titulado “Conocimiento y Cultura”, apoyado en la educación en red gracias a las TIC, demanda abrir un espacio de experimentación y reflexión sobre nuestra forma de participar en la construcción del mundo que habitamos, de cómo lo representamos y lo vivimos. Abro así las reflexiones al respecto.